Ella. Sus miedos.
Miedo.
Había sentido miedo al escuchar la voz de Dani al otro lado del aparato.
El mismo miedo que sentía cuando volvía sola a casa y giraba las esquinas. El mismo que le daba ver a un hombre agazapado en su portal.
O el miedo de los espacios cerrados.
"Mierda. Mierda y mierda". Llovía demasiado como para ir andando.
¡Además! Había elegido el sitio más lejano, oscuro y marrullero de la ciudad.
"Mierda". Cogería el coche.
Para llegar urgentemente, como siempre.
Esta vez no sabía con lo que se iba a encontrar.
Movida por el instinto dejó las tarjetas de crédito y cogió 100 euros que tenía en un frasco vacío de champú.
No quería tener que volver a su casa si era necesario algo de dinero.
En medio de las carreras pasó junto a un espejo y pudo ver sus pequeños ojos azules mirándola. Con miedo. Y apartó fugaz la mirada y evitó pensamientos. "Urgente, urgente", se repetía. Eso la tranquilizaba y evitaba todo lo demás.
Hacía tiempo que había jurado no volver nunca más a un estado de histeria.
Ahora respiraba y respiraba sin cesar. Y cuando veía que sus pulmones se iban a quebrar, se paraba, cerraba los ojos y volvía a respirar.
No quería desmallarse.
"Podía haber sido otro momento, otro día, otra ciudad, ¡pero no! Siempre es cuando él quiere... urgente, respira, respira, respira..."
Allí, junto al taquillón de papá, al lado de la puerta, se vino abajo. Literalmente.
Se le había doblado la rodilla derecha, la que andaba más falta de calcio.
A veces se atormentaba al pensar que en el futuro precisaría ayuda para andar. Incluso algún mecanismo. Su adicción a la leche con calcio formaba parte de este miedo.
Pero que tomarse contra Dani...
que tomarse sin necesidad de matarse a sí misma...
.II.
